cinco costumbres españolas versus costumbres francesas

1. Cocinamos con aceite oliva.

El uso casi exclusivo del aceite de oliva en las comidas, es una costumbre muy española a diferencia de Francia.

A mi suegra siempre le ha extrañado que haga la tortilla con aceite de oliva, y en general, que lo use para casi todo. Es cierto, ¡es una costumbre muy anclada en nuestra cultura culinaria!

En Francia suelen utilizar más el aceite de girasol y para mí, perdonadme, pero el aceite de girasol lo veo como aguachirri”*.

Así que, a pesar de lo que diga mi “belle-mère” (mi suegra), yo seguiré utilizando mi aceite de oliva español. Para eso es uno de los mejores del mundo o eso es lo que se dice….

* “aguachirri”: Cualquier bebida o caldo que parezca agua o tenga exceso de agua: 'este café parece aguachirri.

2. Comemos y cenamos tarde.


Cenamos tarde porque comemos también tarde. En mi opinión, esto es algo que deberíamos cambiar. En este aspecto, me he afrancesado bastante y en invierno suelo cenar a las 19:30, algo impensable en España.

Por encontrar una disculpa a esta “mala costumbre española”, la mayoría de las empresas tienen un horario de trabajo partido, es decir, de nueve a dos y de cuatro a siete. El horario de la comida es muy tarde y largo, supongo que, para incluir el tiempo de la siesta, otra costumbre muy arraigada en mi país.

Actualmente, estos horarios están cambiando y se está reduciendo la hora de la comida y eliminando la siesta relegándola, por desgracia, tan solo a los fines de semana. Sin embargo, la hora de salida continúa siendo tarde, entre las siete y las ocho y media de la tarde, a diferencia de otros países que es entre las cinco y las seis y media.

3. Hacemos sobremesa.

Esta costumbre no es exclusivamente española pero sí que hay una pequeña diferencia con respecto a Francia.

Los españoles solemos comer y cenar fuera de casa y nos encanta alargar las sobremesas incluso en el restaurante. De hecho, no tenemos ningún complejo en quedarnos horas después de la comida demorando el momento de irnos. Seguimos pidiendo carajillos*, café o copas, hasta que nos damos cuenta de que el camarero nos mira mal o que están echando literalmente la persiana.

La diferencia de Francia o de otros países, es que ellos reciben habitualmente en casa, y las veces que salen fuera a cenar este momento no se plantea. Una vez comes, pides la cuenta, y te vas.

Mucho más respetuoso y educado ¡desde luego!

En España esta costumbre está desapareciendo entre semana, sin embargo, los fines de semana, nos encanta hacerlo ya sea de desayuno, de comida o de cena.

Personalmente, no hay nada más placentero que hacer la digestión con calma charlando de lo que sea, re-desayunando, tomando otro cafelito o pidiendo una tercera copichuela**. Así que: ¡Larga vida a las sobremesas!


* “carajillo”: es una bebida combinada de café y licor. Generalmente se toma fría así que se le añaden hielos, y se suele servir en un vaso pequeño. Es típico de España y de países latinoamericanos.

**copichuela: forma coloquial de decir copa o bebida.

4. Enseñamos la casa a los invitados.


Es verdad que en España no tendemos a recibir en casa y preferimos salir a cenar fuera. Pero, cuando recibimos a alguien por primera vez en casa, no sé por qué, pero, en general, nos gusta enseñarles todas las estancias de la casa. Tal vez sea por mostrar confianza o, para algunos, el hecho de exhibir su posición económica.

La primera vez que fui a cenar a casa de unos amigos en Francia, me pareció extraño que no me enseñaran la casa o parte de ella. Sin embargo, esto no impidió que cuando ellos vinieron a la nuestra les hiciera el “house tour” completo “a la española”. Cuando terminé me arrepentí, sentí una incomodidad un poco extraña de haber hecho algo que “no tocaba”. Se confirmó cuando una de las invitadas le dijo a su marido que tenía la casa tan impoluta que: - ”¡hasta tenía una manta perfectamente colocada a los pies de cada cama!” Ante mi cara de sorpresa, se disculpó diciendo que: - “ella no tenía tiempo de tener la casa así de perfecta porque tenía tres hijos”. En fin… costumbres y costumbrismos.

5. Tenemos el wáter integrado en el cuarto de baño.


Recuerdo la primera vez que visité a mi entonces novio en Francia. Quise ir al baño y él me dijo: - “oui la porte à gauche”. Cuando entré yo no encontraba el wáter. Así que salí y le pregunté que dónde estaba y él me respondió: - ¡ah! “les toilettes”. Efectivamente, yo le había preguntado por el baño y él había creído que era “la salle de bain”. En ese instante, comprendí que el wáter estaba en “les toilettes”, separado, en otra estancia del cuarto de baño, "la salle de bain".

Es cierto, que en algún hotel fuera de España me había encontrado en esta situación, sin embargo, desconocía que fuese una costumbre tan integrada en Francia. Reconozco, que esto fue un obstáculo en mi relación de convivencia, hasta el punto de convencerle que tirara la pared que separaba el wáter del cuarto de baño.

Años más tarde me arrepentí de mi cabezonería, ya que, en cada visita para una posible venta de nuestro apartamento, los interesados veían este cambio como un problema. A pesar de mis intentos por convencerles de la amplitud que tenía el cuarto de baño, de la luz que ganaban y, de que poniendo una cortina podrían separarlo, finalmente, tuvimos que volver a levantar la pared. Un año después, nos casamos y actualmente tenemos dos baños uno con wáter integrado y otro sin. Equilibrio perfecto entre dos culturas.

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